CRITICAS Y PUBLICACIONES


 


LA CAPITAL  - Rosario, martes 27 de diciembre de 2005

Nuevo álbum. El pianista rosarino Aldo Antognazzi lanzó un CD dedicado a la Navidad
"SIEMPRE HE TRATADO DE BALANCEAR MIS ACTIVIDADES COMO DOCENTE E INTÉRPRETE"

Antognazzi sumó a las obras de Liszt y Bartok las del rosarino Luis Mucillo.
Imagen: Damián Neustadt

El artista, que registró obras de Franz Liszt y Bela Bartok, dijo que su nuevo disco evoca las fantasías de la infancia
Aldo Antognazzi es un pianista que logró gran reconocimiento por su labor en los escenarios, pero quizá su mayor premio sea el que le brindan sus colegas al elegirlo como maestro del instrumento. Sin embargo, el músico afirmó que, mientras se sienta bien, seguirá tocando porque le da placer ofrecer conciertos y grabar discos como "Aldo Antognazi, piano", el registro dedicado a la Navidad que acaba de editar.
En el álbum el artista que debutó con un concierto ofrecido en junio de 1954 en la biblioteca de la Asociación de Mujeres de Rosario, incluyó "Arbol de Navidad", de Franz Liszt; "20 villancicos navideños rumanos", recopilados por Bela Bartok, y "El árbol iluminado" y "Cuatro nocturnos", del rosarino Luis Mucillo.
El pianista reside en Buenos Aires desde 1972, sin embargo no olvida las navidades familiares de su infancia que transcurrió en el barrio de la Facultad de Medicina, cerca de Francia y Tucumán, y ese recuerdo fue uno de los motores que lo impulsó a grabar su último disco.
-¿La Navidad es un motivo de expresión artística o incluye algún tipo de sentimiento religioso de su parte?
-Fundamentalmente es lo artístico, pero también tiene una significación especial por la evocación de lo que significó para mí la Navidad en la infancia, la fiesta, la forma de festejarlo en familia. Fue algo muy importante en la familia.
-¿Por qué hizo un álbum dedicado a la Navidad?
-Hace muchos años que tenía en mente grabar la obra "El árbol de Navidad", de (Franz) Liszt completa. Tenía una antiquísima edición que había conseguido en un anticuariato y siempre me interesó esa obra que prácticamente no ha sido grabada. Nunca se redondeaba en mi cabeza el resto del programa. El año pasado se me ocurrió que fuera un álbum temático y por eso agregué esas piezas de Bartok que musicalmente me interesan mucho y son de gran valor.
-Y sumó a un compositor rosarino.
-Hablando con Luis Mucillo, que fue discípulo, somos grandes amigos y es un gran compositor, a quien admiro mucho, él se ofreció a componer una obra para el disco, que es "El árbol iluminado". Entonces agregué los "Cuatro nocturnos", que también compuso.
-¿Cómo eran las navidades de su infancia rosarina?
-Los recuerdos son de gran felicidad, porque mi familia era bastante grande. Entre tíos y primos, nos reuníamos en casa de mis abuelos, que eran de origen italiano, y traían ciertas tradiciones de allá que a nosotros nos resultaban muy gratas. Era una fiesta muy fantasiosa, aparte de lo que significaban los regalitos para los niños.
-¿En esa época qué música le gustaba?
-Toqué el piano desde muy chiquito y me gustaba todo tipo de música. Con el correr de los años me fui acercando cada vez más a un repertorio más serio entre comillas. Pero siempre me gustaba lo que escuchaba por la radio e intentaba reproducirlo de oído.
-La Navidad está relacionada con el villancico, con el canto. ¿Eso es un inconveniente para la música instrumental?
-Varias de las obras de Liszt son transcripciones al piano de canciones populares de Navidad de Centroeuropa y algunas son, claramente, transcripciones de obras corales.
-Usted es maestro e intérprete. ¿Cuál de las dos funciones siente como propia?
-Siempre he tratado de balancear mis actividades como docente e intérprete. Por el momento, mientras me sienta lúcido y en condiciones, quiero seguir tocando, me gusta hacerlo y siento que todavía tengo para progresar. Es un incentivo para mí el mantenerme despierto para tocar. La parte de la docencia ocupa un lugar muy importante en mi vida.

UN DISCO PARA ESCUCHAR TODO EL AÑO
El álbum "Aldo Antognazzi, piano" apunta al preciosismo y a la búsqueda musical
Con una cuidada gráfica, "Aldo Antognazzi, piano" llega a las bateas para sumarse al clima festivo de fin de año, pero supera la coyuntura y se convierte en un registro para disfrutar en cualquier época.
"La presentación gráfica siempre es idea mía, aunque trabajo con un diagramador -admitió el pianista-. Ese es un aspecto que tiene que ver con la creatividad", amplió el músico, que cuidó la edición hasta en los mínimos detalles.
En la abundante información incluida en el librito que acompaña al disco se señala que Liszt dedicó la obra registrada a una nieta y también se consigna que la recopilación de Bartok se hizo sobre el repertorio popular de diversas regiones de Rumania. Ambos datos sugieren la intención de plasmar un disco accesible a cualquier oído.
"En realidad no apunté a eso", advirtió Antognazi, y añadió: "Son obras que tienen mucho valor musical y eso justifica que estén reunidas. El caso de Bartok es fantástico por su trabajo de recopilación de música popular y además me parece muy original que haya transcripto para piano esa serie de villancicos".
La obra también incluye dos obras del Luis Mucillo, el compositor rosarino de 49 años que acaba de ser distinguido con el premio "Revelación de la Música Clásica" por el matutino porteño Clarín. El artista estudió composición con Francisco Kroepfl y piano con Gerardo Gandini y fue discípulo de Aldo Antognazzi.
"Es una persona muy reconocida, con premios internacionales como el premio de Composición de Trieste y se le acaba de otorgar el Premio Municipal de Buenos Aires, que es sumamente importante y que se otorga muy de vez en cuando ya que consiste en una pensión vitalicia", contó Antognazzi a fin de explicar la inclusión del músico en el disco. "Cuando viví en Alemania, desde 1977 a 1981, él estaba radicado allá, después vivió muchos años en Brasilia y ahora hace cinco años que está de regreso y desde entonces la filarmónica le estrena obras y además, tiene otras grabaciones", relató.

Marcelo Menichetti / La Capital
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 LA NACIÓN    Sábado 22 de octubre de 2005

Antognazzi: sabiduría y sobriedad

Recital del pianista Aldo Antognazzi. Programa: "Capriccio" en Si bemol, Op. 17, de Muzio Clementi; Sonata para piano Nº 12, en Fa Mayor, K. 332, de Mozart; Cinco piezas de "El árbol de Navidad", de Liszt; "El árbol iluminado", de Luis Mucillo; "El rincón de los niños", de Debussy; "Barcarola" Op. 60 y Scherzo Nº 3, Op. 39, de Chopin". Ciclo Grandes Pianistas Consagrados, con el auspicio de la Fundación Szternefeld. Templo de la Comunidad Amijai.
Nuestra opinión: Excelente

 
Cada tanto se vive la experiencia de que un nombre prestigioso del arte musical en su doble condición de maestro e intérprete, dos mundos diferentes y no necesariamente relacionados en su valoración, tenga la oportunidad de revalidar sus palmas. Y cuando llega el momento de ser testigo de ese trance se genera una ansiedad no exenta de preocupación al imaginarse ubicado en la situación que vive el protagonista, frente al gran jurado que es el público, acaso conformado con muchos alumnos presentes.


Pero como no podía ser de otro modo, dada la solidez de ese prestigio, Aldo Antognazzi ofreció un excelente recital, donde fueron protagonistas varias virtudes que elevaron el acontecimiento al plano de lo perdurable; la mesura, la falta de divismo y la profundidad conceptual del artista entre las más importantes.


Por un lado, la elección de un ramillete de obras valiosas y poco frecuentes en las salas de concierto; por el otro, la contundencia del conocimiento estilístico para transitar desde el mundo pianístico de Muzio Clementi, del que es brillante propagador de sus aportes, y la literatura pianística, en una serie discográfica que lleva ya once entregas, hasta el lenguaje contemporáneo de Luis Mucillo, uno de los compositores argentinos de hoy mas interesantes.


Antognazzi en un orden no cronológico, marcó claramente el matiz de diferencia entre Mozart y Clementi, dos mundos, el del primero, estilo galante íntimo del final del siglo XVIII, y el del segundo, el compositor y pianista que inaugura la sonoridad del piano moderno. Luego saltó al romanticismo de Franz Liszt, pero no para hacer alarde de virtuosismo deslumbrante sobre el teclado, sino para hacer música con unción y contenida expresión.


Las cinco piezas de "El árbol de Navidad" le dieron a Antognazzi motivo para penetrar en la atmósfera sonora del creador que utiliza temas populares derivados de danzas con un lenguaje renovado y sugerente. La sobriedad de su ejecución y el dominio del teclado sin aparatosidad ni efectismo fueron como una buena manera de demostrar que Liszt encierra un modo musical con el que se está en deuda.


En la segunda parte, y también en un orden inverso de estilos, se escuchó, creemos que en primera audición, la última composición de Luis Mucillo, "El árbol iluminado", dedicada al intérprete, donde plasmó esa búsqueda de atmósferas sonoras, como se tuvo la oportunidad de apreciar en algunas obras sinfónicas estrenadas. Antognazzi, con el manuscrito en el atril, como no podía ser de otro modo con una composición contemporánea de reciente gestación, dio otra muestra de su saber con una versión que provocó placer auditivo, detalle que no suele estar presente en muchas obras contemporáneas.


Pero todavía restaba un contraste aún más marcado, el que va desde "El rincón de los niños", con todo el clima, las transparencias y esfumaturas de Debussy, pero no tan borrosas como para traicionar un lenguaje renovador, hasta el Chopin poético de la "Barcarola" y el ardoroso del scherzo, donde la suma de recursos técnicos debe lucir sobre el teclado, logrados con naturalidad y paz interior.


Frente a tamaña demostración de calidad, sabiduría, mesura, el público logró con su aplauso que Aldo Antognazzi sumara dos obras fuera de programa, el primer estudio del Op. 25 de Chopin y el cuarto impromptu Op. 9 de Schubert, cumbre de la música para el teclado y el broche de oro de una noche magnífica en el Templo Amijai que nuevamente aportó su admirable diseño y su ideal condición acústica para la música.

Juan Carlos Montero
 


 

Clarín 22 de octubre de 2005

MUSICA: CRITICA
Un piano con largo recorrido En el ciclo Grandes pianistas argentinos, Aldo Antognazzi fue desde Liszt, Chopin y Debussy al contemporáneo Mucillo. FedericoMonjeau.

Aldo Antognazzi se presentó en el ciclo de Grandes pianistas argentinos organizado en el Templo de Comunidad Amijai, cuyo auditorio recientemente inaugurado constituye una sala de música irreprochable desde el punto de vista acústico y arquitectónico.


Antognazzi ofreció un programa generoso, que abarcó cronológicamente desde el Capriccio en Si bemol del primer clasicista Muzio Clementi hasta El árbol iluminado del contemporáneo Luis Mucillo (Rosario, 1956), pasando por la Sonata K. 332 de Mozart, la Barcarola en Fa sostenido mayor y el Scherzo en Do sostenido menor de Chopin, El árbol de Navidad de Liszt y El rincón de los niños de Debussy.


La selección revela también el interés del maestro Antognazzi por la colección didáctica, como es el caso de las suites de Liszt y Debussy, la segunda de las cuales el pianista interpretó en forma completa, en tanto la segunda estuvo representada por una selección de cinco números: Antigua canción navideña y Canción de cuna, más el maravilloso tríptico autobiográfico formado por Viejos tiempos (una evocación del primer encuentro de Liszt con la princesa von Wittgenstein), A la húngara (autorretrato en forma de marcha) y A la manera polaca (retrato femenino en forma de mazurca).


Dedicada a su nieta y escrita en versiones a dos y a cuatro manos, la suite El árbol de Navidad combina aspectos didácticos con significativos rasgos idiomáticos del Liszt tardío, en ciertas texturas despojadas y en ciertas suspensiones o formas anticadenciales, como es el caso del final del nostálgico vals Viejos tiempos.


Hay además una segunda conexión en la selección de este programa, que es la imagen del árbol de Navidad; la obra de Luis Mucillo, escrita especialmente para Antognazzi, está inspirada en esa imagen. Aunque si en Liszt lo navideño se relaciona, por un lado, con el cancionero tradicional y, por el otro, con la dedicatoria y del presente, el árbol de Navidad asume en la obra de Mucillo una forma más alegórica y, probablemente, más romántica.


El árbol iluminado rodea la Navidad desde distintas perspectivas. En principio, desde el número: las cifras 11 y 12 representan los meses que delimitan el adviento (preparación que en la liturgia católica se extiende hasta los cuatro domingos antes de la Navidad) y establecen un principio de organización general a lo alto y a lo largo de la obra, esto es, en cierto tipo de superposiciones métricas y en la división de la obra en tres partes de dos mitades cada una. La conexión no es sólo numérica. La pieza introduce también una lejana rememoración de un canto gregoriano, que aparece en la parte central del registro de piano bajo la forma de un caprichoso rubato.


La obra de Mucillo es extraordinaria en sus materiales y en su desarrollo. Por momentos transcurre en tres estratos diferentes, que el pianista Antognazzi sostiene con precisión milimétrica y exacta tensión dramática, en uno de los grandes momentos de su admirable recital.
 

 


 

Clarín    Miércoles 27 de octubre de 2004

 DISCOS
R. Schumann : ALBUM PARA LA JUVENTUD

El Maestro con Cariño
 
Antognazzi hace un paréntesis en la integral de Clementi para abordar la serie de cuarenta y tres piezas que Schumann compuso con sentido didáctico. En la elección nuestro pianista no oculta su faceta de maestro, aunque Antognazzi conoce y revela los secretos de la fantasía schumanniana, una amplia galería con canciones para todos los oficios, incluidos los marineros italianos, además de esas tres melodías sin título misteriosamente intercaladas, a través de las cuales tal vez el genial músico romántico ya quisiese introducir a los pequeños en el arte del enigma.
(Federico  Monjeau)

 


LA NACIÓN - ESPECTÁCULOS
Lunes 12 de Julio de 2004

Brillante recital de Aldo Antognazzi



Excelente
* * * * *
Recital del pianista Aldo Antognazzi perteneciente al I Festival de Piano Blanco y Negro.
Programa:
Sonata K.570 en Si bemol de W.A.Mozart
"Klavierstücke" D.946 Nro.1 en mi bemol menor de F.Schubert
Sonata op.7 Nro.3 en sol menor de M.Clementi
Sonata op.13 Nro.6 en fa menor de M.Clementi
Romanza op.28 Nro.2 en Fa sostenido de R.Schumann
Sonata op.27 Nro.1 en Mi bemol ("Quasi una Fantasia") de L.V.Beethoven

Festejar las bodas de oro con la música puede llegar a constituir un acontecimiento memorable en más de un aspecto. En el caso del maestro.Aldo Antognazzi, personalidad ampliamente conocida en el mundo musical por su trayectoria y por su fecunda labor pedagógica, su presencia en la escena creaba expectativas lógicas en el público y sus alumnos, deseosos de celebrar con el maestro un nuevo encuentro con el arte interpretativo prefigurado en innumerables clases.
Y así fue. La prédica se vio ampliamente corroborada con el ejemplo, en un recital que Antognazzi ofreció especialmente convocado por el I Festival de Piano Blanco y Negro para su ciclo de conciertos, entre cuyos objetivos figura arrojar una nueva mirada sobre el repertorio conocido del instrumento.
Al cabo de 50 años, aquél joven y talentoso rosarino que daba su primer recital a los 12 años de edad en el foyer del Teatro El Círculo de Rosario, formado después en Buenos Aires junto al maestro Tino Rossetti, obtuvo a los 20 años una beca para estudiar en Italia con los grandes virtuosos Arturo Benedetti Michelangeli y Carlo Vidusso, es hoy dueño de un patrimonio artístico digno de destacar. Fue recitalista y solista de orquestas europeas. En esta oportunidad dio una prueba cabal de su acrisolada maestría con un programa de obras clásicas que cobraron bajo sus dedos inusitado interés al ser animadas por un sonido redondo y una calidad pareja.

Sobria figura
En un marco escénico discretamente iluminado, la sobria figura de Antognazzi se fue adueñando del interés general de la audiencia siguiendo un derrotero musical evolutivo que se inició con la Sonata en Si bemol K.570 de Mozart, considerado por los exegetas del gran salzburgués como el ideal de la sonata para piano, por su simétrica perfección, unida a una inspiración siempre fluida. La ejecución de esta obra, su abordaje interpretativo sereno, siguiendo una lógica interior que revalorizó los innumerables y recónditos detalles de esta partitura, con el elaborado contrapunto de su movimiento final en el que no falta el guiño humorístico de Mozart, dio cuenta de un arte decantado en el que la intuición va acompañada de la reflexión.
En el Klavierstücke en Mi bemol menor de Schubert que siguió, Antognazzi supo comunicar la intensidad emocional del trozo pianístico, y en las dos sonatas de Muzio Clementi ofrecidas a continuación, el pianista hizo partícipe a la audiencia de una de sus mayores devociones de toda su carrera. Las sonatas de Clementi que Antognazzi llevó al disco constituyen valiosos aportes para la comprensión evolutiva de la sonata moderna, junto con el desarrollo de la técnica pianística. Las elegidas por el intérprete, la op.7 Nro.3 en sol menor y la op.13 Nro.6 en fa menor ("Trágica") fueron fielmente reflejadas en las versiones de Antognazzi, que se proyectan definidamente hacia el mundo de la expresión beethoveniana, particularmente en el caso de la segunda, por su carácter. Antognazzi posee un magistral manejo de la dinámica (su crescendo y su decrescendo son perfectos) y un ligado no menos perfecto que permite destacar admirablemente el carácter lírico de los tiempos lentos.
El mundo romántico de Schumann estuvo aquí representado por su Romanza op.28 Nro2, y estuvo muy logrado por su cuidadoso empleo del color tonal. La Sonata op.27 Nro.1 de Beethoven, que podría considerarse el comienzo de su segundo estilo, dio oportunidad a Antognazzi a conferir vuelo lírico a la forma sonatística del autor. La comprensión estilística de esta transición tuvo en el intérprete una traducción fidedigna en sus cambios bruscos de tiempo, sus contrastes dinámicos. La expresión del Allegro molto e vivace fue pujante, y sonó bella y noble la expresión del adagio. En cuanto al difícil Allegro vivace final, fue vertido en toda su fuerza, y su brío en la movilidad sostenida a lo largo del movimiento, en algunos momentos se hicieron oscuro el color y dramático el acento. Los sostenidos aplausos del final obligaron al pianista a agregar varias obras fuera de programa. Algunos momentos después le ofrecieron un homenaje público en el hall del auditorio, en el que se le entregó un presente recordatorio. La velada se prolongó en una amable reunión.

Héctor Coda
 


ALDO ANTOGNAZZI, EL JUSTICIERO

Aldo Antognazzi, el justiciero

La Nación
Napoleón Cabrera
15 de Diciembre de 2002

"No solamente los juristas; también los músicos pueden hacer justicia, como Aldo Antognazzi, rosarino, pianista, docente y divulgador tesonero de la obra de un genio olvidado hasta hace pocas décadas. El italiano Muzio Clementi abrió el camino a Mozart y a Haydn en ese momento histórico que vió el ascenso del piano que reemplazaba al clave como vocero de la naciente pasión romántica. Antognazzi contó entre sus maestros a Arturo Benedetti Michelangeli, pero había profundizado su especialidad varios años en Alemania y cuando se radicó en su Rosario natal tenía trazado su camino. Quiso ser conertista y también docente, y lo fue cabalmente. Ya había advertido que Muzio Clementi era un astro musical semioculto que merecía ser manifestado en plenitud, ya que se le deben recursos e innovaciones que más tarde abrirían la senda del virtuosismo de Beethoven y sus seguidores. además de ser un cumplido intérprete de piano, Antognazzi acometió la tarea de grabar, aquí, con sus alumnos, treinta compactos con la obra de Clementi para piano. Se ha convertido de esta manera en otra de esas raíces firmes y profundas que parecen renunciar a la ostentación de las flores, pero son las que las hacen posibles."

 


EL RESCATE OBSESIVO DE CLEMENTI

 

Una larga tarea del genial pianista rosarino Aldo Antognazzi

El rescate obsesivo de Clementi

El prestigioso músico sigue luchando para rescatar del olvido a Muzio Clementi, una verdadera “estrella” de fines del siglo XVIII

 Por Santos Cantoni

Vehemente, sincero, lleno de entusiasmo cuando habla de nuevos proyectos, pianista rosarino de conocida trayectoria y de una profunda labor docente que le ha granjeado el título de maestro de maestros. La patria chica tira, por lo que cada año regresa “para rendir cuenta”, como le gusta decir. Entre tantos hitos que fue dejando a lo largo de su carrera artística figura el magnífico disco grabado junto a Paquito D’Rivera y la soprano Brenda Feliciano, Música de dos Mundos”, trabajo nominado al Grammy y del cual guarda gratos recuerdos.

Sin embargo, el norte del trabajo artístico de Antognazzi es la cruzada que abrazó hace mas de 40 años para rescatar del olvido al músico Muzio Clementi, “el padre del piano”, según reza su lápida en la Abadía de Westminster. Clementi fue una superestrella en el firmamento artístico de fines del siglo XVIII y principios del XIX. Contribuyó a la definición técnica del piano y fundó la escuela inglesa de piano, que a través de John Field llevara a Chopin. Pero durante gran parte del siglo XX nada se supo del Clementi compositor; reparar ese injusto olvido es el motivo de la cruzada emprendida por Aldo Antognazzi: “Yo siempre tuve una admiración por la figura de Beethoven y por su música; lo idealizaba como a una estrella solitaria que había aparecido en el firmamento y después me dí cuenta de que no, pues el propio Beethoven reconocía la influencia de Clementi en su obra”.

Fueron los dos maestros que yo tuve en Italia quienes primero me hablaron con veneración del Clementi compositor y de la gran injusticia que se había cometido con él. La historia oficial de la música fue escrita por los alemanes a su medida y en esa visión no había lugar para Clementi. Estas razones me llevaron a investigar a Muzio Clementi; ahora pienso que iba 20 años adelantado a Beethoven como compositor.

Antognazzi decide grabar la obra completa para piano de Clementi como la mejor manera de hacerlo conocer. Los dos primeros intentos en las décadas del 60 y del 70 fallaron. Entonces decidió asumir él mismo la empresa.

El material se graba en los estudios de otro rosarino, Iván Cosentino, en Buenos Aires y se envía al sello Cascade de Alemania.  El proyecto es monumental para nuestras latitudes; estamos hablando de un total de 30 CD.  El CD número 11de esta integral se ha editado y cuenta con el acompañamiento del violinista Rafael Gíntoli en una ajustada versión de las sonats del op.15 con acompañamiento de violín obligado:  “En la época era muy frecuente que la línea del violín, flauta o cello fueran colorísticas, un mero refuerzo para una línea del bajo del piano y no tenía una función estructural importante -dice Antognazzi-; tanto es así que la mayoría de esa obra fue reeditada sin esas líneas y sin que nada cambiara.  Pero Clementi usa el violín como parte de la estructura misma de la obra, y yo encuentro en estas tres sonatas del op.15 los antecedentes de las Sonatas para piano y violín de Beethoven”.

Hoy Antognazzi está feliz; poco a poco le está llegando el reconocimiento a Muzio Clementi, y sabe que su trabajo ha contribuido a ese rescate.

Sin embargo otras cosas lo entristecen: “Si bien son pocos los artistas que se quedan en la ciudad, es mas grave aun, son pocos los que se quedan en la Argentina. Siempre se da un proceso maravilloso: la sociedad rosarina produce talentos en un altísimo porcentaje sobre una población que es relativamente pequeña.  Veo a los chicos llenos de ideales como me ocurrió a mí hace 40 años, pero en esta crisis en la que estamos inmersos, solo pueden terminar emigrando”.

Otro asunto que lo enardece es el abaratamiento de la música: “La masificación de la música basura acá se nota más que en otros sitios; en Europa también se escuchan porquerías, aunque nunca se saben donde van a parar todas esas cosas, ya que esos valores terminan despertando una reacción y la necesidad de volver a las fuentes. No me refiero a los distintos estilos de la música, sino a la mala música”.


LOS SONIDOS DE UN ROMANTICO PRECURSOR

 

 

 

 

Los sonidos de un romántico precursor

DISCO. Apareció el CD número once de una colección dirigida por Aldo Antognazzi

Interpretaciones sobre la vasta obra de Muzio Clementi, un genio del siglo XIX

El Ciudadano, martes 11 de febrero de 2003

 

El rosarino Aldo Antognazzi es uno de los más reconocidos pianistas y pedagogos a nivel internacional. En 1999 grabó un CD junto al saxofonista y clarinetista cubano Paquito D’Rivera que se llamó Música de dos Mundos, que fue nominado para el Grammy Latino 2000 y en ese mismo año obtuvo el Premio Konex de Platino por su trabajo pedagógico. Fue profesor de música en la Escuela Superior de la UNR y de la UNL, y en la actualidad se desempeña como docente en el Conservatorio Nacional de Música de Buenos Aires, ciudad donde vive.  También está preparando una serie de conciertos con Sonatas de Mozart, que interpretará junto a Rafael Gíntoli y que ha dado en llamar la Integral Mozart, que constará de cuatro recitales, y que muy probablemente traerá a Rosario.  Desde hace casi una década Antognazzi viene grabando una serie de discos con música de Muzio Clementi, un compositor italiano precursor del romanticismo que, literalmente, lo fascinó.  En ocasión de la salida del CD número 11, Antognazzi visitó Rosario y conversó con El Ciudadano sobre el rescate de este gran músico.

-         Cómo llegó a Muzio Clementi?

-         Bueno, leí algunas de sus partituras y me deslumbró. Se trata de un compositor que apareció antes que Mozart inclusive, en 1752, y abarca toda la primer etapa del período romántico, incluso plantea ciertas fórmulas del romanticismo mucho tiempo antes de que fueran desarrolladas.

-         Fue una especie de precursor en ese sentido.

-         Si, exactamente, tiene características que yo no encuentro en ningún otro compositor, tiene una evolución tan amplia de la música y toca tantos extremos diferentes que se puede hablar de un estilo clavecinístico y también de un estilo romántico como punto de arribo.

-         Sus obras son solo para piano, no?

-         Sí, por eso fue llamado el padre del pianoforte y es considerado el primer gran pianista y el primer gran compositor de piano, creador de una escuela pianística que fue muy importante.  Felizmente su rescate es algo que no me pertenece sólo a mí, y en este momento hay como una especie de expansión revisionista sobre la obra de Clementi. Es como que ya no me siento tan solo. El año pasado se cumplieron los 250 años de su nacimiento y por primera vez en Italia se reeditó la obra completa en partitura, porque hasta ahí no existía el material conjuntamente; a mí me llevó mucho tiempo rastrearlo.

-         En los discos trabaja con gente que es discípula suya?

-         Sí, de alguna forma, aunque no es un grupo cerrado y voy haciendo participar a mucha gente, es un proceso dinámico. Toca además Rafael Gíntoli, que es un profesional conocido en muchos paises. Lo convoqué y se interesó mucho y posiblemente todo lo que siga lo haga con él. Hemos armado un dúo con el que estamos estudiando todas las Sonatas de Mozart para tocar este año.

-         Cuántos discos abarca este proyecto de rescate?

-         Yo había calculado , pensando en 150 Sonatas, que grabaría entre 40 y 50 CDs, pero eso teniendo en cuenta una recomendación de los técnicos de no pasar los 50 minutos, cosa que hoy en día ha sido superado, por lo que serán muchos menos. 

 


CLEMENTI INTEGRAL DE PIANO CD 11

 

Romántico pudoroso
Clementi Integral de piano 11
Interpretes: Antognazzi y otros
Sello Cascade
calidad: MUY BUENO
Clarín Espectaculos, miercoles 26 de febrero de 2003

"Nueva entrega de la obra completa de Muzio Clementi, el ambicioso proyecto artístico y didáctico que el pianista Aldo Antognazzi viene desarrollando desde hace una década con un grupo de discípulos; en este caso (volumen 11 de la serie), Pablo Lavandera, Emilio Peroni y Anibal Glüzman, que se turnan en tres sonatas para piano a cuatro manos con el mestro. Se cuenta aquí también con la participación del experimentado Rafael Gíntoli para una admirable ejecución de las tres sonatas op.15 con acompañamiento obbligado de violín. Nacido en 1752 en Roma y muerto en 1832 en Inglaterra, compositor, intérprete, director, editor y empresario musical, Muzio Clementi merece ser recordado no sólo por su Gradus ad parnassum y su gran obra pedagógica sino también por sus sonatas, que sientan las bases del lenguaje pieanístico del clasicismo y de tanto en tanto anticipan pudorosamente ciertos rasgos de la música romántica. (F.Monjeau)"
 

 

 


 


 

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