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2009 CD Re - Edition |
An interesting array of dances for piano -songs, polkas, menuets, quadrille and waltzes- which introduce us to the music of XIXth century "porteño salons". |
15.03.2010 Diario “Crítica” – Buenos Aires
Jaime Botana
Culturas / Edición Impresa

Aldo Antognazzi, Junto a su piano, acompaña la reedición de la obra de Esnaola, considerada una contrapartida musical de la de su amigo Esteban Echeverría.
Si hiciéramos una encuesta acerca de
compositores argentinos clásicos, nos encontraríamos quizá con una pequeña
pléyade de nombres –no siempre acertados– en la cual ciertamente no figuraría el
nombre de nuestro protagonista, a pesar de ser un pionero fundamental de la
música argentina. Pero si no conocemos a nuestros autores contemporáneos, menos
podremos recordar a aquellos que componían en épocas lejanas. Indudablemente
existe un prejuicio generalizado de que todo lo bueno en materia de música debe
venir de otros lares, que nosostros carecemos de un pasado sonoro digno de
recordar y, lo que es peor aun, de un presente musical que valga la pena apoyar.
Sin embargo, tenemos raíces ancestrales que a menudo han florecido tardíamente y
han resultado en excelentes y sabrosos frutos. Ésta es una de ellas.
Juan Pedro Esnaola nació el 17 de agosto de 1808. Época de enormes cambios.
Estaba cerca el Mayo de 1810 –cuyo Bicentenario festejamos con cierta
desprolijidad– y nacían Chopin, Schumann, Verdi, Wagner, entre otros. Nuestro
reivindicado de hoy pertenecía a una familia de raigambre monárquica, y la
prisión y el exilio no tardaron en llegar: España primero y luego París. El
joven Esnaola, de evidentes dotes musicales, fue apoyado por su familia y
estudió al más alto nivel en cada escala de su largo periplo. En 1822 se decretó
la amnistía y los Esnaola regresaron a su patria. La llegada de Juan Pedro es un
hito en nuestra historia musical. A su dominio de la composición añadió sus
brillantes dotes de pianista, y una voz formada en la mejor tradición europea.
Junto a Antonio Picasarri, su maestro de siempre, fundó una academia musical que
será esencial en la formación de generaciones de músicos.
Desde 1827 compone canciones y piezas para piano, obras religiosas, entre ellas
misas a tres y cuatro voces, un estupendo requiem para coro y orquesta –que
habían comenzado a constituirse– y un Miserere que permaneció en el repertorio y
se puede oír en San Ignacio con frecuencia. De ideología federal, su Minué
federal o montonero (1845) se hizo muy popular, como lo fueron también lo fueron
sus himnos a Rosas.
Su distinguida agenda social lo llevaba con frecuencia a brillar en los salones
artísticos de Mariquita Sánchez de Mendeville –luego de Thompson–, el salón
rivadaviano por excelencia y el de Manuelita Rosas de Ezcurra, de cuyas
tertulias fue alma, a quien lo unía una profunda amistad.
El derrocamiento de Rosas significó una convocatoria a participar en funciones
públicas, en las cuales trabajó con su acostumbrada pasión y entrega.
Y, claro, en 1860 hace el arreglo oficial del Himno Nacional Argentino, uno de
sus reclamos a la inmortalidad.
Esnaola fue reconocido en vida como “el primero de nuestros compositores, el más
renombrado de los músicos argentinos”, según la nota necrológica de La gaceta
musical a a raíz de su muerte el 8 de julio de 1878.
De pensamiento revolucionario, fanático de los postulados de exaltación del yo y
de libertad absoluta del individuo, su visión del universo coincidió con los
axiomas del romanticismo, y sus obras son ejemplos claros de la primera faz del
estilo.
Elvira o La novia del Plata, (1832) paradigmático poema de su amigo Esteban
Echeverría, es su contrapartida literaria. Esnaola les puso música a muchos de
sus poemas, que se consideran los primeros ensayos del lied argentino, porque no
son meros acompañamientos: reflejan el sentimiento íntimo de los textos.
El maestro Aldo Antognazzi, de relevante carrera nacional e internacional, da
una vez más testimonio de una de sus especialidades: la música argentina, de la
cual dan fe sus numerosas grabaciones –producidas por Iván Cosentino, otro héroe
de la causa de la reivindicación de lo nuestro–, y su CD Canciones, valses,
polcas y minués se suma al espléndido material de su última grabación, que con
obras de nuestro contemporáneo Luis Mucillo se ha convertido en punto de
referencia mundial de la excelencia de nuestro nivel de creación.
Otra de sus causas es la música para la juventud: ha grabado los álbumes de
Schumann, Tchaikowski o Gaito. Y, por supuesto, su grabación de la obra completa
de Muzio Clementi, única en el mundo, que ha llevado a su tardía y muy merecida
revalorización.
La selección de polcas, minués, cuadrillas y valses del CD da una idea cabal de
la obra para piano de Esnaola. No tiene sentido comparar su música con la de sus
ilustres contemporáneos europeos: nuestro autor no es Schumann, pero el CD da
testimonio de un compositor inspirado, fino, cortés y elegante, y provee un
eslabón perdido que une nuestra música a la de la gran tradición europea.
Antognazzi las interpreta con autoridad, encanto y evidente cariño. Un merecido
homenaje y una indispensable reivindicación.
Completa el CD la feliz recuperación del tenor Roberto Britos, uno de nuestros
cantantes sobresalientes. Su participación nos muestra el maravilloso aporte de
Esnaola a la canción de cámara argentina, y lo hace con un prodigioso dominio de
un estilo prácticamente ignorado.
Un aporte real y oportunísimo al Bicentenario, que merece un lugar de honor en
vuestros anaqueles.
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Featuring an interesting array of dances for piano -two polkas, three menuets, a quadrille and eight waltzes- which introduce us to the music of XIXth century "porteño salons". |
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ALDO ANTOGNAZZI - C.Larralde 1767 - CP 1429 Capital Federal - Rep.Argentina Phone / Fax : (05411) 4701-1303 |
